A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.
Así, nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, en el que la especulación al alza del suelo y de la vivienda en EEUU y Europa de estos últimos diez años ha llevado a un amplio sector de la población a contraer grandes créditos para comprar viviendas sobre valoradas, basándose en la confianza de que las viviendas siempre subirán de precio, y que todos tendrán empleo en los próximos treinta años para poder pagarlos.
Pero en agosto de 2007 se produjo la quiebra de los bancos hipotecarios en EE.UU, debido a la falta de liquidez por la morosidad de las hipotecas de alto riesgo. Esto hace caer las bolsas y que los bancos centrales empiecen a inyectar liquidez a los mercados financieros. La confianza cae. Se produce una contracción del crédito y del consumo, llevando a la quiebra a pequeñas y medianas empresas. Aumenta el desempleo, que contribuye a elevar la morosidad de las hipotecas, etc.
Pues bien, todo este hecho hace que se contamine todo el sistema financiero.
Una vez, ya puesto en situación de que el mundo esta sufriendo una fuerte crisis financiera y los motivos de ella, he de plantear señalar un punto nuevo.
James Tobin fue un economista que creo en el año 1971 la llamada “Tasa Tobin”. Era un impuesto sobre el flujo de capitales en el mundo que consistía en pagar un impuesto cada vez que se produce una operación de cambio entre divisas. La tasa debería ser baja, en torno al 0,1%. Con esta tasa se permitía recaudar una gran cantidad de dinero que sería financiada para proporcionar atención sanitaria, reduciría el analfabetismo, etc.
Estos dos puntos están relacionados uno con el otro. Después de echar un vistazo a diferentes periódicos, aparecía una noticia en la que decía que la tasa Tobin sería una buena forma para estabilizar esta crisis económica.
Un grupo de doce países, entre ellos España, está presionando a las instituciones internacionales para lograr instaurar este año una tasa sobre los movimientos de capitales, es decir, instaurar las ideas de la tasa Tobin. El primero en plantear la idea fue Nicolás Sarkozy y Gordon Brown. El presidente francés adelantó la idea de “una tasa muy baja, pero mundial”. Pero ya el ministro galo, Bernard Kouchner, puso el año pasado en marcha un grupo de trabajo para avanzar en este proyecto, al que se le conoce actualmente como “financiaciones innovadoras” y no “tasa de Tobin”. El 22 de octubre se unieron los once países restantes, peor el momento cable fue el pasado octubre cuando Reino Unido y Japón decidían apoyar el proyecto. Así se estima que para este 2010 entre en funcionamiento este sistema.
Este tipo de tasa consistirá implantar una tasa del 0,005% a las transferencias financieras. Este tipo de tasa no sería apenas factible en la economía de una empresa a nivel internacional, apenas afectaría a sus costes. Pero la recopilación de una tasa, y de otra tasa y así sucesivamente, podría llegar a portar unos 35.000 millones de dólares anuales (unos 25.000 millones de euros). Esta suma sería destinada a la lucha contra la extrema pobreza así como se plantea también destinar estas sumas a la reconversión energética de los países más pobres y a paliar los efectos del calentamiento.
Este tipo de solución de sacar de las partes un todo mucho mayor me parece una gran idea. Aunque creo, que este dinero obtenido debería repartirse no solo entre los pobres, sino a todas aquellas personas más desfavorecidas por la crisis, como a la gente sin que esta en el paro, la gente que está totalmente endeudada o en el caso de España, a un aumento en el desarrollo de las energía renovables, es decir, ayudarlas a darlas más salida de lo que ya están.



